El ser humano perfecto es aquel que no tiene conciencia ni mente propia, el más maleable ante los ojos de los líderes del planeta. UN títere al que poder mover a su antojo según le convenga. Nos sublevamos, a cada paso, cada respiración contada a cada minuto, queremos ser diferentes a los demás, pero nos acercamos mas a ellos dentro de nuestra originalidad. Caminamos en lo que creemos que es un campo abierto sin límites, pero en realidad lo hacemos un por un embudo. Todos hacia el mismo sitio, hacia la muerte, hacia la luz al final del pasillo. Somos un rebaño guiado por las personas de poder, los políticos son las manos que mueven a los títeres, pero los verdaderos guionistas de la vida son los que dirigen el teatro desde fuera.
