martes, 23 de agosto de 2011

Fin.

Ponernos de puntillas para rayar la perfección, ayudándonos de tacones.  Rojos, como tus labios. Rozan el cigarro que acabas de encender, la lluvia suena de fondo, también un fondo, gris, como el humo del Lucky, en una imagen de película, barata, si, de esas que se ven en el cine los domingos tristes de otoño, cuando las hojas cubren la calle. Imágenes de postales, de gasolineras al borde de la carretera, que no sabe donde empieza ni acaba. Solo sabemos seguirla, juntos,  sin conocer final, solo con tabaco, alcohol y compañía que nos hace la radio a las cuatro de la mañana mientras conduces.

Noches frías de lluvia caliente, que destempla, que tiembla, nos hace tiritar. Me das tu chaqueta. Huele a ti. Me encanta.  Corremos bajo esos soportales del motel, cutre, como no. “Tengo frio” , susurro. Me 
abrazas desde atrás.  Me conoces. Me… no lo sé... Sigo dando vueltas a la cabeza, que hacemos aquí, lejos de todo, lejos de la rutina, de los míos, de los tuyos, de nosotros mismos. Ahora entiendo. Huimos, empezamos de cero… Beso. Despacio,  suave, con cariño, como a mí me gusta. Me conoces. Me… haces temblar, lo sabes, y sigues… despacio, suave, caliente… Paras, das una calada, sigues. Beso. Me… no pares.

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