Llovía demasiado como para salir de la cama. Miré por la ventana. Mañana gris de siempre, de otoño. Me incorporé, me di cuenta de que aun seguía desnuda. Me gire hacia la mesa y encendí un cigarro. Fui a la ventana, la abrí de par en par. Sentía la lluvia caer sobre mi cara y la mano extendida hacia afuera hacia que se me pusiera la piel de gallina en todo el cuerpo. Recordé la noche anterior, al bajar del coche, llovía demasiado, como ahora. Note tus dedos rozando mi espalda. No oí tus pasos, consigues ponerme de los nervios. Un beso en el cuello me da los buenos días, tu mano en mi vientre me dice que es hora de desayunar. Quiero comerte. Me giro, te beso, nos miran. Cierro la ventana, corro las cortinas, todo lo que pase ahora es solo nuestro. Suena egoísta pero no quiero compartirte con nadie. Tiembla la pared, la cama, los muelles y yo. Te necesito cerca, necesito que me beses, busco tus labios, por supuesto, los encuentro.

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