domingo, 21 de noviembre de 2010

El reloj de la cocina marcaba las dos de la madrugada. No podía dormir, cogió un vaso de agua y se apoyo en la pared. Estaba fría, al contrario que el asfalto de la calle. El pelo largo caía sobre su espalda, desnuda. La luz, naranja artificial, típica de las farolas, se posaba rayada por las persianas semi-bajdas en la puerta de la nevera. Dio un sorbo al vaso, encendió un cigarro. Pensó,  que ya que no podía dormir, escribiría, algo, cualquier cosa para que el tiempo pasara más rápido.

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